En el sótano del hospital abandonado, los gritos aún resuenan. Un experimento que fue demasiado lejos. Algunos horrores son creados por el hombre.
La noche había caído como un manto pesado sobre la ciudad. Las calles estaban desiertas, iluminadas apenas por farolas que parpadeaban con una luz enfermiza. El viento soplaba entre los callejones, arrastrando consigo susurros que parecían provenir de otro mundo.
Cada paso que daba resonaba en el silencio absoluto. Mis manos temblaban, no por el frío, sino por algo más profundo, más visceral. Una sensación de ser observado me recorría la espalda como dedos helados trazando líneas invisibles sobre mi piel.
Fue entonces cuando lo vi. Una sombra que no debería estar ahí. Una figura que desafiaba toda lógica, toda razón. Se movía de forma antinatural, como si el aire mismo se retorciera a su alrededor. Sus ojos... si es que podían llamarse ojos... brillaban con un rojo incandescente que parecía quemar directamente en mi alma.
Intenté correr, pero mis piernas no respondían. El terror me había paralizado por completo. La criatura se acercaba lentamente, saboreando mi miedo como si fuera un manjar exquisito. Cada segundo parecía una eternidad mientras la distancia entre nosotros se reducía.
Un grito se formó en mi garganta, pero ningún sonido salió. Solo el silencio. El terrible y absoluto silencio que precede al horror más profundo. Y entonces, cuando estuvo lo suficientemente cerca como para que pudiera sentir su aliento gélido en mi rostro, susurró algo que heló mi sangre...
"Te he estado esperando..."
Lo que sucedió después es algo que mi mente se niega a recordar con claridad. Fragmentos de imágenes, sensaciones de dolor indescriptible, y una oscuridad tan profunda que parecía tragarse toda esperanza. Cuando desperté, estaba en mi cama, empapado en sudor frío.
¿Había sido solo una pesadilla? Eso es lo que me repetía una y otra vez mientras la luz del amanecer comenzaba a filtrarse por mi ventana. Pero entonces lo vi... en el espejo del baño, grabado en mi piel como una marca de fuego: un símbolo que no reconocía, pulsando con una luz roja tenue.
Y supe, con una certeza que me llenó de un terror absoluto, que aquello no había sido un sueño. Que la criatura era real. Y que ahora... ahora yo le pertenecía.
Desde aquella noche, las sombras me siguen. Y cada vez que cierro los ojos, puedo sentir su presencia... esperando... observando... hambriento.

Un reflejo que no debería existir. Una casa que guarda secretos más allá de la muerte. Cuando miras al espejo, ¿estás seguro de que eres tú quien mira de vuelta?
En el bosque prohibido, las voces de los perdidos llaman tu nombre. Una niebla espesa oculta horrores ancestrales que esperan pacientemente en la oscuridad.
El metro de medianoche tiene un pasajero que nunca baja. Sus ojos vacíos buscan compañía para un viaje sin retorno hacia la eternidad.